Toubkal con esquís



Hace unos dias tuvimos la grandísima fortuna de poder subir al Jbel Toubkal con nuestros esquís de montaña. Las intensas nevadas de jornadas anteriores dejaron cantidades de nieve justas para poder acometer la subida. Pudimos poner a pruebas las excelencias de comodidad, versatilidad y total protección solar de nuestras gafas adidas a143 terrex pro y a189 Tycane pro ambas con lentes polarizadas H+ hidrofóbicas.




Comenzamos nuestro periplo en Imlil, pequeño pueblo de las montañas del Atlas situado a 1.740 m sobre el nivel de mar. La tarde noche de nuestra llegada nos trae la sorpresa de encontrar la población con una cantidad considerable de nieve que nos hace pensar en la condiciones que nos encontraremos conforme vayamos ganando altura.

Pueblo de Imlil


En efecto el trayecto que transcurre desde Imlil al Refugio “Les Muflons”, habitualmente no tiene nieve, o hay tan poca que no supone ningún inconveniente para las mulas que los lugareños ponen a nuestra disposición para portear nuestro exceso de material. Conversando con Husein, contacto que nuestro amigo José Miguel nos ofreció en la zona,  nos indica que la nieve más abundante comienza sobre los 2.200 m punto a partir del cual las mulas no pueden pasar y se hace necesario el uso de porteadores para llevar los petates hasta el mismo refugio a 3.207 m.

Pueblo de Aremd a 1970 m

Ganando altura al otro lado del valle del rio Imlil



Iniciamos nuestra andadura hasta el punto situado a 2.200 m aproximadamente, conocido por Sidi Chamharouch, lugar sagrado caracterizado por una enorme roca blanqueada, y varios “establecimientos” de los bereberes del lugar en el que te ofrecen souvenirs, bebidas y mucha conversación. Según cuenta la leyenda, Sidi Chamharouch, es el rey de los genios, teniendo la apariencia de perro negro por el día y de humano por la noche. Esperamos en este lugar a las mulas, y mientras nos planteamos la posibilidad de calzarnos en este punto los esquís y disfrutar la subida hasta el refugio.

Llegando a Sidi Chamharouch


Dicho y hecho, la nieve acumulada a esta altura nos permitió foquear un buen rato en la subida del bonito valle que nos dirige hacia el Refugio Les Muflons


El Refugio Les Muflons a la vista

Una vez en el refugio, a secar material y preparar las cosas para el día siguiente ascender al Toubkal. Cabe decir que el refugio es bastante agradable, el trato del personal es de lo más cordial, y la sala de estar que tienen habilitada para las cenas y reposar, goza de una chimenea que caldea la estancia de un modo espectacular, hasta el punto de tener que abrir la puerta para que entrara el fresquito de fuera ;-)

Confortable Refugio Les Muflons


A la mañana siguiente, nos amanece un día formidable; colocamos las pieles de foca en nuestras tablas, y nos preparamos para subir los aproximadamente 1.000 m de desnivel que separan el Refugio de la cima







 La primera rampas son duras y nos obligan a continuas “vueltas maría” para ir ganando altura. Como es de esperar en ese ambiente, encontramos en ocasiones nieve más fácil para progresar y en otros casos también bastantes zonas con placas heladas que nos obligan a poner a prueba los cantos de los esquís y realizar un esfuerzo mayor.








Tras las primeras rampas más empinadas encontramos una larga subida hasta el collado donde se acaba la nieve por efecto del viento.



Paramos a quitarnos los esquís y nos colocamos los crampones para subir hasta el collado  y de ahí a izquierdas a la búsqueda de la cima con su particular estructura metálica piramidal.


Al fondo ya se divisa la cumbre


Disfrutamos un ratito de la cumbre, con las espectaculares vistas que ofrece estar en lo más alto del Atlas, desierto al sureste, poblaciones al oeste, y como no el resto de cuatromiles de la zona, en especial el Ras y Timesguida hacia el sur.

Cumbre a 4.167 m

El Ras y Timesguida (y las adidas terrex pro en primer plano)

De nuevo hacia abajo, no sin antes valorar la posibilidad de una bajada alternativa buscando otras zonas de más nieve, que vistas desde más cerca nos hacen abandonar la idea, por parecer muy heladas y quien sabe si hasta avalanchosas. Retomamos el camino de vuelta siguiendo nuestros pasos de subida, y al llegar a la zona con más cantidad de nieve nos colocamos nuestros esquís y nos disponemos a bajar con ellos, unos con más “arte” y otros con menos, pero lo importante es que tras disfrutar un ratito de ‘esquí de montaña’ llegamos al Refugio, donde descansamos y comentamos los particulares de la jornada.






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